En las laderas de las ralas montañas que surcan la ruta, entre llamas y vicuñas rumiando hierbas duras como las tolas y airampales, he distinguido a la burrita Modestine,
Para mi sorpresa en la lejanía distingo algo poco común, una modesta construcción de adobe donde se anuncia a todo color: gaseosas frescas. No caigo en la tentación pues conozco la reseca del frescor y prosigo el pedaleo para sobrepasar el cruce de Abra Pampa (130km hacia el norte), donde Mario me había anunciado que encontraría un lugarcito donde poder comer algo. Así fue. Tenían un solo plato y no podía ser otro que “locro”. Sabroso el cocidito pampeño.
Cuando reanude el pedaleo por la ruta 52 me sorprendió tanto, y me hizo tanta gracia, encontrar
Sin poder dejar de pensar en ello y con toda la preferencia del mundo ante una carretera mas solitaria que la celda de castigo de un preso, fui aproximándome a las Salinas Grandes.
La ruta 52 cruza, inevitablemente, por asfalto Salinas Grandes, y la sensación de violación del paisaje no es tanta como cuando pedaleamos sobre la piel salitrera del Salar de Uyuni en Bolivia, considerado como el mas extenso del mundo.
Embelesado y casi cegado por tanta belleza, me olvide de mis provisiones de agua y cuando quise hidratarme, una vez remontada la subida del salar hacia mi destino
El cartel de Saladillo aparece cuando ya me quedan pocas fuerzas. Las justas para arrastrar la bici por la pista de tierra que, tras cruzar un arroyo seco, me permite ver con claridad unas 6 casas de adobe y otras tres mas encaladas de blanco salitrero. A mis gritos de “Hay alguien…” no contesta nadie. Cuando recorro casa por casa, de una de ellas, sale un tipo joven con un trapo a modo de toalla tapándose sus partes. Me pide disculpas por no haber salido antes pero es que se estaba duchando. Le explico quien soy y lo que quiero y de inmediato me dice que me puedo alojar en el local de la antigua escuela y que si me doy prisa aun puedo tener algo de agua caliente, ya que el fuego de la estufa que la calienta aun tiene algunas ascuas.
. La noche nos pilla infragantes mientras me cuenta la vida que llevan sus siete hermanos lejos de la aldea; igualmente me cuenta que su padre esta pastoreando las llamas al otro lado de las montañas a cuyos pies se asienta Saladillo y que no vendrá pues dormirá en un refugio que tiene en el monte. Al despedirnos me dice que el tiene que partir con su bicicleta al amanecer pues debe presidir una reunión como dirigente indígena que es de su comunidad en una aldea a unos 30 km.
El frió y el viento caen a la vez sobre la calamina del techo de la escuela, congelándola y removiéndola por igual.
Cuando a las 5 de la mañana oigo la voz de Esteban llamándome no me lo creo. Enciendo la linterna frontal y al salir del saco de dormir siento un frió cortante. Hago todo rápido y a las 6 salgo de la escuela bien abrigado. Esteban, con el carrillo hinchado por las hojas de coca que esta mascando, se despide nervioso con un apretón de manos y encaramándose a su bicicleta de carreras sin cambios se pierde por el lecho del arroyo seco con dirección al salar.
Ya en la ruta, comienzo subiendo suavemente hasta el Paso de Ronqui Angosto
A los pies del cartel que indica los 4170 m
Hablando con las mujeres artesanas me comentaron que autos paran pocos y que los micros de turistas son los que suelen parar mas y comprar. El hijo de una de las mujeres, de unos doce años de edad e incipiente tallador, me alecciono sobre la técnica, no solo del tallado, sino del uso del tirabeque que manejaba con una precisión increíble. Riéndose me decía que tiraba a dar a los mirlos que rondaban por allí y alguna que otra vizcacha y que a los cóndores no le llegaba la goma. Sin pensarlo y confiando en la buena puntería que tenia cuando era chico, le hice una apuesta: tiraríamos 5 piedras para dar al mogote de piedra tallado con la altitud y el que mas veces le diera seria el ganador.
Helado por el resultado y por el viento frió y fuerte que comienza a soplar, me despido con la sonrisa del vencido y decido comenzar a disfrutar el largo descenso que me espera hasta Purmamarca, casi 33 km de pura bajada por la espectacular Cuesta de Lipan. Enseguida vislumbro hacia el norte el Abra de Tres Cruces donde nace la Quebrada de Humahuaca flanqueada por dos cadenas montañosas, ahora bien visibles: las sierras del Aguilar y la Sierra del Zenta.
Estupefacto ante la visión de la carretera que serpentea abruptamente por la ladera cortante del Abra de Lipan, no me queda otra que parar para leer minuciosamente el paisaje con su flora rica y variada. Así voy distinguiendo: cardones, molles, churquis, chilcas, muñas, cacalas, álamos y sauces. Aunque no les veo, se que en estas sierras están habitadas por un buen numero de animales silvestres como vicuñas, guanacos, pumas y vizcachas.
A medida que desciendo la temperatura se suaviza y las llantas se calientan hasta el punto de tener que parar para darlas tiempo a enfriarse, ya que se corro el riesgo de un reventón por exceso de calor.
El cielo limpio y cercano parece rozarme la gorra en estas alturas donde empiezan a aparecer a lo lejos cortantes cresterías de areniscas de tonos rojizos y amarillentos. Siento a la bicicleta desbocada, ingobernable ante la fuerte pendiente que la reta. Apenas puedo contenerla pues el carro se ha puesto de su parte y empuja con fuerza hacia abajo. Sospecho que estoy asistiendo a una sublevación de mi querida bicicleta y me asusto al ver que el cuentakilómetros marca 64 km/hora. Sin contemplaciones tiro de los frenos como si de unas riendas se trataran y logro retenerla mas tarde de lo esperado. La apoyo en ángulo recto con el carro sobre un balcón natural desde donde la dejo deleitarse con el sorprendente paisaje que la ha provocado el ataque de velocidad.
Al cabo de un buen rato y ya todos mas calmados, proseguimos el descenso parando cada pocos kilómetros, para seguir contemplando uno de los espectáculos naturales mas apabullantes que se pueden disfrutar. Idéntico comportamiento mantuvimos cuando tras girar en una curva apareció en toda su magnitud el Gran Cañón del Colorado en EEUU. Son acontecimientos irrepetibles que se quedan guardados para siempre en lo mas hondo de la memoria.
Llegando al fondo del valle aparecen llanuras fértiles que se extienden por las márgenes de los cauces de arroyos y ríos, ahora secos, como el que se adentra hacia la Comunidad Aborigen de Huachichocana.
Sufro un ataque de ansiedad ante la variedad cromática de las montañas que me rodean y no puedo parar de hacer fotos de forma compulsiva. El encuentro de unos Manis en mi bolsillo me sacan de la crisis y me relajan.
Ya mas compuesto, entro en el pequeño, fértil y colorido pueblo de Purmamarca en busca de un lugar donde quedarme. Un chico joven me recomienda: el hostal Mama Coca.
Los tres días que paso en el pueblo los dedico a caminar por sendas antiguas que me llevan a rincones insólitos que solo estas sierras
Todo lo contrario del ambiente bullicioso que se respira en las calles del pueblo atestadas de hotelitos, restaurantes y tiendas de artesanías varias.
Con el alma henchida de colores, abandono Purmamarca para descender en unos 4 kilómetros hasta el valle del río Grande que me llevara, en una sucesión de suaves toboganes y una gran cuesta, hacia la ciudad de San Salvador de Jujuy. El poco arcen de la carretera y el tráfico intenso de coches y camiones me pone en guardia. Al descender un pequeño collado con niebla me encuentro a una joven pareja de alemanes que vienen de San Pedro de Atacama por el Paso Sico. Al estilo alemán intercambiamos rápidos informaciones practicas.
A medio camino me encuentro conque la carretera esta invadida por caballos, tanques y militares.
En Jujuy me alojo en casa de Teresa Ritzer y junto con sus dos hijos, Federico y Santi compartimos buenos momentos. En días sucesivos vamos al canal 2 de TV
Desestimo la idea de llegar a Salta en bici ya que no me la quiero jugar en 60 km por una carretera atestada de trafico. Así que decido sacar un boleto en bus en clase Premium para en 22 horas de viaje llegar a mi destino y fin del viaje en Buenos Aires.
2 comentarios:
hola bueno le queria decir q su publicacion esta re copado me gusto mucho ya q tambien aparece ronqui angosto q es la casa de mi abuela si siempre soñe q alguien la nombrara gracias me gustop o lei todo ha y esteba es mi tio jjeje gracias señor me diverti mucho imaginando su aventura ojala yo pueda hacerla algun dia chau. yonikits@hotmail.com
Hola! Me llamo Diego y muy buena la publicacion. Yo tengo pensado cubrir el tramo Purmamarca- San Pedro de Atacama, quisiera recibir consejos de equipamiento, distancias y demas, mi mail es ofthepoint@hotmail.com. Muchas Gracias. Diego
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