viernes, 22 de mayo de 2009

SALARES HACIA SUSQUES



Aun con el ruido de la caldera de la gasolinera del Paso Jama instalado en mi cabeza, salgo a encontrarme con el silencio más absoluto cuando esta amaneciendo. Hacia el norte diviso el Cerro Porquis y el Nevado de San Pedro y a medida que voy ascendiendo hacia el este, por la nueva ruta 52, en medio de la puna pronto aparece el pequeño salar de Jama que, enseguida, da paso al Paraje Mucar salpicado de pequeños túmulos rodeados con piedras pintadas de blanco y adornados con latas y botellas de cerveza vacías alrededor de las cruces erguidas adornadas con flores de plástico y papel. Son recordatorios de los fallecidos en estos desolados parajes donde las largas rectas son trampas para los conductores achispados o despistados.
Desde el Paso Jama en que deje Chile para entrar en Argentina a la provincia de Jujuy, observo que el firme de la carretera esta en peor estado e igualmente el arcen ya no esta asfaltado como en el país vecino, sino que es puro ripio.
Los cerros y las montañas que secundan la ruta me dan pie a establecer analogías con las personas. De este modo observo unas amables lomas pegadas a unos cerros negruzcos y ariscos; mas a los lejos, unas maternales montañas de tonos de piel de vicuña que miran de frente a unos cerros viejos y poderosos; un pecho terroso negro, rematado por un pezón perfecto, me recuerda el poder de la pachamama. Abstraído en estas comparaciones me asusto con el bufido repentino de unas motos que me adelantan a mas de 100 Km. por hora.
Al salir de Jama, pese a mi insistencia preguntando por lugares donde aprovisionarme de agua, nadie me había dicho que podía encontrarla 48 Km. mas adelante en la diminuta localidad de Archibarca donde paro para dialogar con un matrimonio que vive allí pastoreando un rebaño de cabras y también haciendo ladrillos de adobe para la venta. Allí mismo, pegado a la ruta, un cartel me indica “Susques 68 Km. “. Decido llegar en el día.
Pasado el cruce con la ruta 70 y la Mina Pirquitas, a lo lejos, blanquea el Salar de Olaroz , que, hacia el norte se extiende unos 50 Km. más. A medida que me voy acercando el paisaje se tiñe de un amarillo ceniciento con las plantas que tamizan lo que en tiempos no muy lejanos fue también salar. Una luz cegadora me impiden ver con nitidez sobre el horizonte el Nevado de Poquisi (5745m) y el Coiagaima (5668m) perdidos en una vasta cordillera que anuncian los andes bolivianos.
Una especie de avestruces chicas, aquí conocidas como Suris, corren por una rala vegetación arbustiva en busca de cobijo, es exactamente lo que yo también hago refugiándome dentro del tubo de cemento que cruza la carretera para huir del calor del sol que al mediodía calienta de verdad. El ruido de un grupo de vicuñas chapoteando cerca de mi precario refugio me saca de mi liviano descanso para enfrentarme de nuevo a la inmensa puna, solitaria e indiferente al paso del ciclista.
En las ruinas de adobe del paraje Huaira Huasi me cruzo con dos ciclo viajeros alemanes que vienen hoy de Susques. En el ingles de los no ingleses intercambiamos la información más inmediata. Ellos me dicen que me quedan unos 12 km de subida y luego unos 22 km de bajada hasta Susques. Yo les digo que tienen agua cerca en Archibarca y que aun pueden llegar a la gasolinera de Jama antes del anochecer ya que la ruta les toca más de bajada. Un apretón de manos y cada uno a lo suyo. Cuando vuelvo la vista atrás y les veo pedalear en paralelo y charlando, de repente me dan envidia y me hacen recordar que yo también he disfrutado en los meses anteriores de la compañía incomparable de Emy.
La subida ha resultado más suave de lo esperado y ha finalizado en un paso angosto que se abre a un valle de farallones de areniscas que me recuerdan el valle de Tobes y Raedo en la provincia donde vivo en España: Burgos.
La larga y pronunciada bajada que me habían anunciado los alemanes es tal cual. La disfruto parándome cada poco y saboreando el descanso después de los 116 km que llevo pedaleados. Cuando desciendo hasta el mismo lecho del rió, casi seco, veo en la ladera de la montaña escrito con grandes piedras pintadas de blanco “SUSQUES, portillo de los Andes”.
En la entrada del pueblo paro en el coqueto recinto de información, donde una chica joven me informa que estamos a 3675 m de altitud, que el pueblo tiene unos 1700 vecinos y que por supuesto no tengo que dejar de visitar la Iglesia Parroquial de Ntra. Señora de Belén del siglo XVI,una de las mas antiguas de la Argentina y declarada monumento histórico nacional en 1943. Hacia allí me dirijo, no para visitarla ahora, sino para pedir cobijo en alguna de sus dependencias.
Cuando llamo al timbre, de la casita pegada a la tapia de adobe y paja de la Iglesia donde vive el padrecito, de inmediato me surgen preguntas que ya conozco: ¿Cómo será…me recibirá…me dirá que no tiene sitio…me aceptara….? . No me da tiempo a contestarme pues un tipo serio y barbudo, de aspecto cheguevariano, me saluda lacónicamente. Sin dejarle hablar le dijo que soy un español que vengo haciendo un viaje en bicicleta difundiendo la Marcha mundial por la paz y la no violencia y que busco un lugar donde poner mi tienda o algún sitio donde dormir a cubierto.
Sin mucho entusiasmo me dice que si espero a las 10 de la noche (son las 7 de la tarde) cuando acaben de dar la catequesis en el local de la parroquia, allí mismo puedo dormir. Acepto su invitación y le muestro los recortes de prensa de las entrevistas que nos han hecho durante el viaje en distintos periódicos de Chile y Argentina. Esto le hace cambiar de aptitud y me ofrece su baño para asearme, luego me ofrece café, galletas y su amena conversación. Para hacer tiempo me voy a dar un paseo y enseguida me doy cuenta que estoy en un pueblo con marcado carácter indígena. Esta claro que no es turístico para nada y que conserva inalterables sus costumbres y sus tiendas populares. En ellas compro algo de fruta, panecitos y vino y con ello me presento en casa del padrecito Mario- asi es como le llaman sus feligreses- para compartir la cena con él. La conversación surge fluida y enseguida ponemos nuestros respectivos currículos de errores sobre la mesa riéndonos copiosamente a la vez que brindamos con una copa de vino por el encuentro providencial. Cuando llega la hora de irse a dormir Mario me brinda alojarme en su casa en un cuarto con dos camas. Acepto encantado y caigo en un profundo sueño de inmediato.
En los días siguientes que paso junto al padrecito Mario, me abre las puertas de la Iglesia construida toda entera de adobe y tachada con tablazón de madera de cardón, sobre la que se ha colocado la cubierta de paja; una maravilla arquitectónica que con las amenas explicaciones de mi anfitrión me revelan curiosidades ocultas. Una tarde caminamos hasta el alto del vía crucis para descender por una senda desde donde se aprecia, con nitidez en el centro del pueblo, la capilla del cementerio, una reliquia de adobe y paja del siglo XVIII perfectamente conservada. Una mañana soleada arreglamos su bicicleta para poder hacer una ruta inédita por el que bautizamos “valle del silencio”, un inmenso cañón de areniscas formado por la erosión del viento y del rió que ha tallado unas espectaculares paredes ribeteadas con caprichosas tallas naturales. En este idílico paraje me hablo de su dura labor eclesiástica en Costa de Marfil.
A través de las largas conversaciones mantenidas con el padrecito Mario Ottonello descubrí su amor por la naturaleza, donde reflexiona y medita la mejor forma de ejercer su vocación. Me sorprendió su labor como defensor de la población de etnia Atacama que vive en Susques para lograr la legalización de sus tierras, realmente es un seguidor de la teología de la liberación y sus ideas cristianas van más allá de los convencionalismos religiosos.
Como gran conocedor de la historia, en nuestras charlas me fue contando como es el culto a los muertos, a la pachamama, el mandinga (demonio para los collas), la apacheta, me relato y contó las creencias y ritos ancestrales, los sacrificios y ofrendas, como por ejemplo el rito ancestral del “challado” de casas nuevas, salpicando las paredes con la sangre de un animal sacrificado para el caso; en los techos de los ranchitos se colocan cuernos y cruces para alejar tempestades, rayos, enfermedades y cualquier maleficio; en la fiesta de la Pachamama se realiza el rito de enterrar un feto de llama, adornado con lanas y hierbas aromáticas, es un rito para conseguir prosperidad y fecundidad de la tierra.
Me hablo del poder actual que aun conservan curanderos y adivinos y como él, lejos de reprochar esas practicas, respeta y aprende ya que el padrecito Mario tiene la certeza de que cada pueblo crea sus ídolos y los convierte en creencia por pura necesidad de explicar el mundo y dar sentido a su propia historia. Por ejemplo me dice prosiguiendo la charla: El pueblo colla, al recibir la religión cristiana, no prescindió de su propia religiosidad ni de sus costumbres ancestrales; más bien la asumió, pasándola por el tamiz de su propia cultura. Todo ello ha originado una serie de ritos religiosos, con elementos autóctonos e hispánicos, cuyos aspectos más significativos aun perduran.
Mi estancia en la casa del padrecito termino por pura necesidad de tener que ocupar la pieza otras personas venidas de lejos para una reunión parroquial. Por cierto una noche en la que me acerque a la Iglesia al acabar de oficiar la misa, de repente anuncio mi presencia y me invito a que hablara a sus feligreses sobre el viaje que estaba realizando; después en el salón parroquial hice una pequeña presentación de la marcha Mundial por la paz y la no violencia.
Antes de partir Mario me presenta al doctor Ribera quien me curo y receto una pomada para el eczema de mi mano derecha.
Cosas del azar, Graciela Pereyra periodista de Córdoba, de donde es oriundo el padrecito, llega a Susques para entrevistarlo y amablemente me sugiere hacerme igualmente otra entrevista sobre mi viaje. Acepto gustoso y después todos juntos degustamos un rico plato de locro en el local de la Casa de la Cultura.

1 comentario:

informacion dijo...

Oye Markina: leo tus ultimas aventuras, como poeta al viento, un poco difil de seguirte.

Dices de un bus a Buenos Aires, pero sigues contando de Jujui y la zona. Donde estás pues hombre¡
Jorge de Ju Jui, está loco de esperar tu visita, Diego en Santiago del Estero tambien .... y parece que será la proxima vez no?

Bueno, ve preparando una pelicula o al menos un buen libro con las memorias de esta aventura, que parece que ya termina.

No olvides recordar a tu sobrino el encargo de mihijo Oscar

Oye y aunque sea en un correo, cuantos, donde estas y cuando vas a Buenos Aires y a Burgos, las ganas que tendras de ver a Emilia? o ella más que tu? Cariños a los dos y al resto de buenos amigos que siguen esta aventura por la paz.

un abrazo viejo loco. pepe frias. chile.